Fingir para los demás: Cuando preferimos fallarnos a nosotros mismos


Esta es una situación en la cual, casi todos, nos vimos envueltos en algún momento, ya sea como mecanismo de defensa o porque ciertamente, en determinadas situaciones, nos es más fácil fingir algo que decir la verdad, con el riesgo de recibir rechazo o incomprensión desde el otro lado.
En algunas ocasiones, el miedo a mostrarnos tal cual somos ante los demás nos puede hacer modificar nuestro comportamiento, adquiriendo uno que nos haga encajar más fácilmente o por el cual pasemos desapercibidos. Sin embargo, este tipo de actitudes, aunque es lo más sencillo, no es lo recomendable.
Sé que muchos piensan que no es tan grabe hacerlo, si eso les evita dar explicaciones o ciertas situaciones incomodas. También sé que muchos otros me pueden decir que lo que ellos hacen no es fingir, sino una simple omisión para no discrepar con las otras personas. Pues déjenme decirles que, aunque ciertamente no son lo mismo, poseen los mismos efectos.
Esos momentos, donde preferimos ignorar lo que nosotros somos para darle lugar a una construcción social pre establecida de lo que deberíamos ser, solo pueden servir para engañar a los demás, nosotros sabemos que no son reales. Tal vez hasta podamos pensar que no hay problema en fingir para agradar a los demás, pero… ¿No forma eso, que deliberadamente ocultamos de los otros, parte de lo que nosotros somos? ¿De nuestra esencia?
Entonces caemos en cuenta de que lo único de nosotros que la otra persona sabe, no es real, sino lo que elegimos fingir para ellos. Esto puede traernos varios problemas, tanto inmediatos como futuros, sumergiéndonos en un enredo de mentiras o medias verdades del cual es difícil salir.
Y aun así, lamentablemente, es preferible dejarse sumergir en ese enredo que hemos creado y mantener las apariencias. Hasta podemos llegar a pensar que eso es lo correcto con tal de mantener nuestro entorno tal cual esta; con tal de evitarnos las alteraciones emocionales que supondrían.
Como si fuese nuestra responsabilidad mantenernos lo más apegados a lo social mente aceptado posible, sin medir el costo personal. Obligándonos a crear un actuar tan marcado o durante un tiempo prolongado, que inconscientemente se puede comenzar a filtrar lentamente en nosotros sin que lo notemos.
Entonces corremos el riesgo de comenzar a perdernos a nosotros mismos, de cuestionarnos cuál de las dos personas que conviven dentro nuestro es la verdadera. Podemos llegar a vernos al espejo y no gustarnos lo que el reflejo nos muestra.
Pero podemos pensar que todo eso vale la pena, si lo que más importa hoy en día es el lugar que ocupas en la sociedad. Debido a que, lamentablemente, todo se reduce a eso, a lo que los demás perciben de nosotros.
¿Si cuando fingís conseguís aceptación social, que importa que la única persona afectada seas vos?


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